Pequeñas escenas de trabajo que nadie ve ni cuestiona.Y, sin embargo, ahí es donde todo cambia.
Cuando literalmente te golpean en una institución de la que eres cliente.
Todo queda grabado — y aun así la institución se pone en modo músculo, usa todos sus medios para justificarse.
Cuando todavía se cree que el “liderazgo” es poder, como en los años ochenta.

Un día, en una gran institución financiera muy conocida aquí — donde soy clienta desde que llegué a Quebec — sufrí una agresión.
No una discusión verbal, no una tensión en el mostrador: una verdadera agresión, delante de testigos.
Cuando contacté a la dirección, con una carta formal, me dijeron:
— No se preocupe, nos encargamos.
Lo creí. Todos merecen una segunda oportunidad.
Aunque sacudir a la gente en el Quebec del siglo XXI se vea mal.
Pero la confianza, a veces, es una trampa elegante.
Volví, y esta vez la misma persona me golpeó. Literalmente.
Por suerte, todos tienen un iPhone hoy en día.
Así que lo grabé todo. Me lo había advertido al llegar:
Tú, te voy a atrapar.
Sorprendentemente —contra toda lógica— esta gran institución que presume de cuidar a su comunidad no asumió su responsabilidad.
En lugar de despedir a quienes debían ser despedidos, organizar una reunión con la clienta, resolver correctamente y convertir el caso en un aprendizaje institucional —para que no se repitiera—,
eligieron la nostalgia del poder, ese “liderazgo” de otra época.
Le pasaron el caso a uno de los despachos de abogados más grandes.
No para reparar, sino para ganar tiempo. La clásica carta de Goliat contra David: siempre funciona.
Probablemente pagan una fortuna para no aprender nada.
Descubrí cómo se entierra una falta:
no se niega, se desplaza.
Se disuelve en la burocracia,
se intenta hacerla desaparecer detrás de una palabra clave: proceso interno, paso legal, formulario faltante.
Como si cambiar el orden de las casillas pudiera cambiar la realidad de los hechos.
Cinco años después, nada ha cambiado. El juicio está previsto para pronto.
Ni una disculpa. Ni un reconocimiento. Al contrario: el agresor sigue en su puesto y la clienta es vista como la culpable.
La maquinaria perfecta del negacionismo corporativo.
Entonces escribí al presidente.
Pensé: es nuevo, quizá quiera una gobernanza clara, quizá vea lo que su gente no quiere ver.
La respuesta llegó rápido:
“Hemos remitido su mensaje al departamento correspondiente.”
Y mientras tanto, en sus sucursales, sus anuncios, sus PowerPoints, sus paredes:
Una ética proclamada — transparencia, honestidad, responsabilidad social, altruismo.
Y justo debajo, esta promesa: ser el preferido en el corazón de la gente.
Palabras amables para cubrir actos sucios.
Miro a mi alrededor y me pregunto:
¿Hasta cuándo repetiremos estos lemas sin escucharlos?
¿Hasta dónde se puede gestionar el riesgo sin asumir la responsabilidad?
El verdadero liderazgo hoy no consiste en evitar los errores.
Consiste en reconocerlos, aprender y corregir antes de que el mundo entero los vea por ti.
Porque en la era de las redes, mentir siempre es temporal.
Seedz / Silent Guest
No un coach. No un terapeuta.
Un espejo claro — para ver con nitidez, antes de elegir.