A distancia del poder — la basura y el ciudadano

En 2016, Montreal registraba 11.951 quejas por depósitos ilegales de residuos, con recolección semanal, equipos que funcionaban y un presupuesto de mantenimiento de calles que aún no había sido reducido.

En 2024, la cifra alcanza 27.961, mientras la población de Montreal ha seguido creciendo, los supermercados ahora envuelven en plástico cosas que antes no lo necesitaban — manzanas, calabacines, limones — y cada hogar produce mecánicamente más residuos que antes, porque la industria ha trasladado sus costos de embalaje al consumidor.

Entre esas dos cifras, la frecuencia de recolección ha sido reducida en varios distritos, una cuarta parte de los equipos de limpieza está obsoleta o dañada, y el presupuesto de mantenimiento de calles pasó de 100 a 80 millones de dólares.

Nadie quiere ensuciar su propia ciudad. Pero cuando un servicio disminuye, los recursos se reducen, los embalajes se acumulan y el resultado se deteriora, la responsabilidad se desplaza poco a poco hacia quien ya paga su impuesto municipal y espera el camión.

La ciudad limpia menos. El ciudadano debe hacer más.

Esta semana, la alcaldesa publicó un mensaje en Facebook pidiendo a los habitantes de Montreal que recojan sus residuos.

Eso es todo.

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